DE PROFESORES, DE ALUMNOS Y DE GRIEGOS
¿Y por qué no “De profesores, de alumnos y de gallegos”, se preguntarán algunos?; me parece lícito, al fin y al cabo, en ciertas ocasiones, a uno mismo, como profe o como alumno, le ha parecido ser partícipe de un chiste sobre los tales; sin embargo, ¡tienen que ser los griegos!. Reconozco que, estratégicamente, habría sido mucho mejor incluir a los gallegos pues de ese modo todo el mundo pensaría que se trata de un escrito más bien cómico, suscitándose un mayor interés en leerlo... ¡Bueno! pero ya está decidido, después de todo, elegir el título de un artículo es algo que le corresponde a quien lo escribe y deberán agradecer que tuve el buen tacto de no precisar, para colmo, que se trata de los antiguos griegos
¿Y por qué de los antiguos griegos, se preguntarán otros?. Y bueno, simplemente porque los admiro. Y lo hago porque, hace tanto tiempo, fueron tan capaces y tan brillantes para pensar y clarificar conceptos que aún parecen frescos y que nos ayudan, todavía, a comprendernos y a comprender el mundo en el que vivimos. En particular, aprecio la importancia del legado en raíces del idioma que usamos, como también lo hago con aquella de la similar herencia recibida de los antiguos romanos, quienes, a pesar de ser menos originales y más disipados que los griegos, también aportaron lo suyo, según se da cuenta uno cuando hurga en la etimología de las palabras que empleamos. Y, entre estas, hay tres que nos tocan muy de cerca: docente, alumno y profesor.
Seguramente sabe usted que docente proviene del latín ducere, que significa conducir o guiar. ¿Guiar a quiénes?, a los e-ducandos, por supuesto, es decir, a los que son conducidos y que también son conocidos como alumnos, palabra que me gusta más que estudiantes, porque esta última se limita a describir una actividad realizada por ciertas personas, para la cual no necesariamente requieren de un docente. Y si me gusta más la palabra alumno es porque significa “el que es alimentado” (procede del latín alere o alimentar) pero, sinceramente, mucho más bonita me parece la francesa élève, ya que destaca el propósito y el efecto que tiene la mencionada guía, pues se traduce por aquel a quien se hace crecer, o aquel que es elevado y que, en consecuencia, crece.
¿Y cómo se hace crecer a una persona?, alimentándola, por cierto.
¿Y con qué?... bueno, cuando se trata de nutrir el espíritu humano hay que hacerlo con información, para que él pueda, con su ayuda, recrear y crear conocimiento.
¿Y cómo se conduce a las personas a ese tipo de alimento? ¡ah!, aquí aparecen los profesores y los griegos. Veamos por qué:
Profesor es una palabra compuesta de dos raíces, pro y fateor. Para asignarle un significado a pro tenemos varias opciones: suponer que proviene del latín prode, que significa provecho o bien, que lo hace del latín pro, que corresponde, entre otros, a la preposición por. Como fateor es un verbo en latín que viene de una raíz griega que significa hablar, entonces, profesor, en una libre y personal interpretación mía, sería aquel que le saca provecho a la palabra o, preferiblemente, y con esto casi cerramos el cuadro, aquel que guía hacia el alimento y por medio de la palabra, al espíritu de aquellos que desean crecer. ¡No me digan qué no es lindo!.
Pero no nos apresuremos tanto en terminar pues, para que la palabra, escrita o hablada, surta el efecto esperado, se requiere de bien conocer y practicar la retórica y, con ella, según constatarán, volveremos a los griegos. Los diccionarios definen la retórica como “el arte de hablar o de escribir en forma efectiva”. Para Aristóteles es “la habilidad para utilizar los medios de persuasión disponibles según el caso” y él mismo describe los tres factores que la determinan, denominándolos Ethos, Logos y Pathos, que deben ser utilizados complementariamente para interesar y persuadir con efectividad a la audiencia.
El gran filósofo definió Ethos (término del cual se deriva la palabra ética) como la credibilidad que establece en su exposición aquel que habla o escribe. El carácter del expositor y su actitud hacia su audiencia forman las bases del atractivo de sus argumentos. El carácter es aquello que da valor a las ideas expuestas y se manifiesta demostrando tres características: inteligencia, virtud y buena intención. Mientras la inteligencia se evidencia a través del conocimiento exhibido sobre el tema, además de la lógica y del sentido común para tratarlo, la virtud y las buenas intenciones son comunicadas más bien por medio de la actitud que el expositor asume hacia su audiencia, expresándose a través del tono empleado, el cual transmite impresiones sobre su propio sentir.
Mediante el Logos, el expositor debe provocar, a través del razonamiento lógico y el empleo juicioso de datos, la atracción hacia el tema y el deseo de su comprensión.
Por su parte, a través del Pathos, también llamado atractivo emocional (del cual derivan las palabras empatía, simpatía y patético) se busca estimular y persuadir mediante el uso de las emociones. Para él, Aristóteles señala dos orígenes: el primero es la aenergia, es decir la energía que debe poner el expositor para despertar la pasión en los auditores, cuestión fundamental para incitarlos a la acción y, el segundo, es el empleo de un lenguaje apropiado, el cual debe ser natural, comprensible y correcto.
Finalmente y sin pretender enmendar la plana a Aristóteles, cosa que pocos siglos atrás me habría resultado caro, opino que no hay que olvidar que agregando estética al discurso, mediante la incorporación de belleza y elegancia a la forma en la que se desarrolla el Ethos, el Pathos y el Logos, se incrementa considerablemente su atractivo.
Y así pues, gracias a que no hicimos chistes a costa de gallegos, se ha terminado por intuir, ciertamente con gusto a poco pero con muchas yes, lo que de verdad son los alumnos y lo que ellos requieren de un profesor.
Osvaldo González Rojas.
Ex profesor del Área Electónica de la Sede Concepción de la UTFSM.
arropado por su familia y sus amigos, su destino, que también será el nuestro, algún día. D
2 comments:
Creo que ahora me ha quedado más claro el gran significado de "Profesor" y al mismo tiempo, me ha quedado claro lo que es SER profesor. Siento que hoy en día se ha perdido un poco el uso de la retórica en el campo docente y los que hoy son nuestros profesores desconocen en un cierto grado los factores que Aristóteles expone. Me pareció un excelente artículo, espero que más personas lo lean.
Saludos.
Excelente...
siempre he apreciado el particular labor que cumplen los profesores pero después de lo leído se merecen una gran reverencia por tantos conocimientos entregados y por esa pasión que entregan al enseñar...
gracias a todos aquellos que nos guían hacia el alimento y por medio de la palabra, al espíritu de aquellos que desean crecer... (como usted lo señaló)
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