LOS AROMAS DE MI VIDA
Los aromas de mi vida son pocos...
Recuerdo bien el de las manos de mi padre, mezcla del suyo propio y del tabaco
Y el de lavanda, del perfume Atkinsons de mi madre.
Son vívidos los de mi bolsón de colegio y de la tierra en el jardín de mi infancia.
Y también aquellos de una primera lluvia sobre el suelo reseco de Talca,
Los de la flor de la pluma en el funeral de una abeja
Y el de los establos del fundo Prosperidad:
Me parece aún sentir aquellos del humo de los trenes a carbón
Y de la sala de máquinas del telégrafo.
Contrasta, con el muy sutil de las azucenas de mi Primera Comunión,
Ese medio acre de la oscura bodega de vinos, enfrente de mi casa en la cuatro oriente.
Son indelebles esos, tan particulares, del interior de mi cámara de cajón Ansco,
Del papel fotográfico,
Y del penumbroso estudio del abuelo de Pablo Baltera
En mi memoria están grabados los del incienso en la iglesia de la Merced,
De la pólvora, de la resina de la soldadura y de la trementina,
Del mar de Constitución y del viento norte de Concepción
Junto a la nostalgia me vienen aquellos del smog de Santiago, que percibía en Bruselas
El de los tilos del Parque Ecuador, que creía sentir en Berlín y viceversa
Y, curiosamente, además, el del mar de Valparaíso, contaminado con petróleo.
Y el del cine Plaza, de mi ciudad natal
Recuerdo con ternura el del pelaje de mi gato, que se acurrucaba en mi cama
Y el de la piel de mis hijos.
Me hacen inspirar profundo los de la menuda y anaranjada flor del espino,
El de las hojas de peumos, eucaliptos y pinos, en los bosques que he caminado,
Los del musgo de los troncos muertos, de los dihueñes y de otros hongos....
Aquel de las zarzamoras junto al agua
Y el del pasto recién cortado
Los de las plantas de tomate que he regado;
También el de las petunias, el de las rosas, del azahar y de los retamos
El de los limones, pomelos, duraznos y melones calameños
No me olvido del dulzón de las papayas
Ni de los muy sabrosos de las humitas, de las empanadas y del pan amasado,
Del humeante caldillo de congrio y de la sierra ahumada;
Ni de ese, que se hacía agua en mi boca, junto a la fábrica de confites Calaf
Ni los del chocolate y del café de grano recién molido.
Tampoco de aquel de la modesta harina tostada,
Ni de los cálidos de la vainilla y del tabaco Amphora
Y si bien me excita aún el recuerdo de los aromas de las mujeres de mi pasado
Y siempre me sorprende el de mi semen,
Sólo me siento vivo con los de la piel, pechos y sexo de la mujer que hoy amo
Como veis, los aromas en mi mente son más bien pocos y no hay muchos más
Pero son muy valiosos para mí...
Pues son los aromas de mi alma de 55 años.
Osvaldo González Rojas.
1 comment:
Estimado Osvaldo, comparto con usted el gusto por la fotografía, al igual que esta inquietante tarea de usar los aromas para registrar así algunos momentos.
Oculto en el presente, el recuerdo está asociado a los sentidos.
La memoria de los aromas habita en nosotros, hasta que repentinamente nos lleva lejos en unos segundos.
Esta volátil máquina del tiempo, en clave química y eléctrica, es generosa. La nariz humana distingue entre más de 10.000 aromas diferentes. El olfato es el sentido más fuerte al nacer.
Qué poderosa energía es aquella que nos puede hacer reír, suspirar, enamorarnos, imaginar, llorar, sucumbir, soñar o acercarnos, mientras un aroma juega con nosotros y nos atrapa.
Son 20 ó 30 millones de células olfativas que inician un secreto camino hacia el lugar donde el cerebro percibe los olores. Esta información pasa primero por aquellas regiones responsables de emociones, sentimientos, instintos e impulsos, donde también se almacenan los contenidos de la memoria y se regula la liberación de hormonas. Así, los aromas pueden modificar nuestro comportamiento y las funciones corporales. No por nada, el olfato se vincula a la intuición.
Hace ya un tiempo, me dejo llevar por el intenso aroma de algunas especias y descubro cómo esta invisible ofrenda puede cambiarme el día. Acuden a mi mesa para recordarme (del latín, recordari; volver a pasar por el corazón) que lo simple puede ser gigante, que el hogar infantil nos acompaña a todos lados, que el placer es todo nuestro, que la nostalgia puede encontrar un fugaz remedio, que nadie se va del todo.
En estos meses, estoy aprendiendo a usar el cardamomo, una semilla con larga historia, especialmente en India. Es apasionante descubrir un nuevo aroma que nos logra atrapar otro instante.
Afectuosamente, desde Santiago.
Hortencia Fritz
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